sábado, 27 de enero de 2018

La vista de Tavera desde la playa de Safont a todo color en 1914

Una de mis últimas adquisiciones fotográficas me tiene enamorado. Y es que poder contemplar con colores reales cuál era el aspecto de una zona emblemática de Toledo nada más y nada menos que en 1914 es algo realmente emocionante.
Ello es posible a un autocromo (sí, ya sabéis, esa técnica que por primera vez logró conseguir imágenes a color en la historia desde que fue patentada en 1903 por los hermanos Lumière y comercializada por ellos mismos en 1907) que acabo de comprar en su placa de cristal original y que muestra una vista del Hospital Tavera desde la Playa de Safont, con el río Tajo y la Huerta del Granadal en primer término.
Esta joya fotográfica es obra del muy desconocido Manuel Amuriza López, destacado miembro de la Real Sociedad Fotográfica de Madrid en sus inicios. Su nombre aparece en este curioso artículo firmado por "Mascarilla" el 13 de abril de 1912 en las páginas de La Época que precisamente habla de los avances de la fotografía en color y de cómo los miembros de esta sociedad madrileña estaban ensayando con ella:
Artículo firmado por "Mascarilla" el 13 de abril de 1912 en La Época que habla de los avances de la fotografía en color y de cómo los miembros de la Real Sociedad Fotográfica de MAdrid estaban ensayando con ella
Artículo firmado por "Mascarilla" el 13 de abril de 1912 en La Época que habla de los avances de la fotografía en color y de cómo los miembros de la Real Sociedad Fotográfica de MAdrid estaban ensayando con ella

La fotografía de Manuel Amuriza López que he adquirido fue obtenida el día 3 de mayo de 1914, es decir, algo más de dos años después del citado artículo. Se trata de uno de los autocromos más antiguos de Toledo, posterior a los de Jules Gervais-Courtellemont tomados hacia 1910 pero un mes anterior a la formidable serie de Auguste Léon de junio de 1914. Se trata de una placa estereoscópica autocroma de cristal bien conservada que muestra una preciosa vista primaveral desde la playa de Safont, con la Huerta del Granadal y el Hospital Tavera al fondo:
Río Tajo y Hospital Tavera desde la playa de Safont en mayo de 1914. Autocromo de Manuel Amuriza López.
Río Tajo y Hospital Tavera desde la playa de Safont en mayo de 1914. Autocromo de Manuel Amuriza López.

Uno podría pasarse horas contemplándola. A mi modo de ver, los detalles más curiosos son los siguientes: por un lado, al tratarse de la primera fotografía a color conocida del Hospital Tavera, parece confirmarse que en 1914 aún conservaba buena parte de las tejas negras vidriadas originales que en 1600 fueron fabricadas en un taller de Chinchón con el objetivo de que el templo tuviera una cubierta negra, en señal de luto pues este impresionante edificio fue concebido como un gigantesco túmulo funerario del Cardenal Tavera:
Hospital Tavera desde la playa de Safont en mayo de 1914. Autocromo de Manuel Amuriza López (detalle)

Hay que recordar que en estos días está finalizando la restauración del edificio, dirigida por el arquitecto José Ramón de la Cal y el arqueólogo Jorge Morín, quienes magistralmente han identificado este hecho y se han esforzado en recuperar el aspecto original del templo sustituyendo las tejas árabes que en sucesivas reformas habían ocupado el lugar de las negras vidriadas originales desfigurando ese carácter funerario. La clave para confirmar que las tejas originales eran negras y vidriadas fue el hallazgo en el libro de obras que conserva la Casa Ducal de Medinaceli, del año 1601, en cuya página 8 se puede leer:
«A treynta y un dias de el mes de Agosto de 1601 años dio pago Diego de la sierra Pagador a Juan Cabello Ximenez vecino de la villa de chinchon quarenta y un mil y quatrocientos y ochenta mrs que ovo de haber a quenta de la teja de vedrio negro que esta obligado a traer al hospital para cubrir su capilla Mayor y firmolo de su nombre».

Otra de las curiosidades destacadas de la fotografía es poder ver por vez primera a color real la olmeda de Ulmus minor, es decir, el olmo ibérico autóctono, que aún hoy crece en la orilla derecha del Tajo justo antes del puente de Alcántara. Esta olmeda debería contar con la debida protección ambiental en nuestros días pues es una de las pocas que ha resistido a la devastadora enfermedad de la grafiosis que ha acabado con la mayoría de los olmos autóctonos de España en las últimas décadas:
Olmeda de Ulmus minor (olmo ibérico autóctono) vista desde la playa de Safont en mayo de 1914. Autocromo de Manuel Amuriza López.

Por último, quiero destacar la presencia rojiza del típico alcaén, la arcilla que predomina en la zona norte de la ciudad, antesala de la comarca de La Sagra, que aparece aquí muy claramente en un talud del barrio de las Covachuelas, formando parte de la orilla primitiva del Tajo cuando en este punto se ensanchaba sobremanera hasta fluir en dos brazos diferenciados dejando en el centro la famosa Isla de Antolínez. Era el punto en el que, debido a la anchura del río, su profundidad era muy escasa buena parte del año, lo que permitía vadearlo, dando lugar a la presencia de la Puerta del Vado, hoy inexplicablemente enterrada a la espera de que alguien se decida de una vez a exhumar un monumento del siglo XI oculto bajo siete metros de sedimentos y escombros. Esa isla de Antolínez fue secada a comienzos del siglo XIX para dejar un único brazo de agua en el río.
Alcaén en las inmediaciones de las Covachuelas visto desde la playa de Safont en mayo de 1914. Autocromo de Manuel Amuriza López.

Esperando que esta foto de Manuel Amuriza os haya gustado tanto como a mi, me despido con la foto también a color que solo un mes después tomó casi en el mismo lugar el gran Auguste Léon por encargo de Albert Kahn:
Playa de Safont con el Hospital Tavera al fondo entre el 15 y el 17 de junio de 1914. Autocromo de Auguste Léon. © Musée Albert-Kahn - Département des Hauts-de-Seine

domingo, 14 de enero de 2018

Una sensacional herramienta para comparar el ayer y el hoy de Toledo gracias a David Blázquez

Conocer a David Blázquez ha sido una de las mejores cosas que me han sucedido desde que comencé con el proyecto Toledo Olvidado. El destino quiso que por motivos profesionales nuestras vidas se cruzaran más o menos cuando comencé a desarrollar el blog. Pasaron unos años hasta que, en 2012, decidí dar el salto al papel para publicar el primer libro. Fue entonces cuando no dudé un solo instante en elegir a David como editor: en aquellos años ya me había demostrado su profesionalidad, su talento y su fiabilidad, basada en formar un tándem casi perfecto con el no menos genial Toté Moreno. Para más inri, la tercera pata de su equipo, mi admirado Jero Romero, me dio sus sabios consejos como pionero del micromecenazgo, que me ayudaron mucho a planificar bien la campaña en Verkami.
El resultado ya lo pudisteis ver: ellos dieron forma, con su excepcional edición, al libro que siempre soñé hacer. Un libro con mis textos y las fotografías que yo seleccioné, pero que hubiese sido infinitamente peor sin su maquetación, sin su escrupulosidad al dar a las fotos el mejor balance cromático, sin su cariño al elegir tipografías, sin su generosidad al no escatimar en el mejor papel, la mejor tinta y la mejor encuadernación (gracias también al impresor Paco del Valle), sin sus consejos y sin su saber hacer. Ese primer libro, y los tres que le han sucedido, todos ellos editados por DB, llevan su sello como editores por fortuna para mí. Porque hasta el mejor de los libros, sin un buen editor, queda en un libro mediocre.
Pero David Blázquez no solo lidera magistralmente su editorial, sino que es probablemente el mejor fotógrafo de arte de España en nuestros días y uno de los más destacados también en paisajes y etnografía.
La pasada primavera, al sopesar qué recompensas entregar a los mecenas que financiasen el libro conmemorativo "Toledo Olvidado-10 Años", decidí lanzarme con algo que tenía en la cabeza hace tiempo: utilizar la ya antigua tecnología de impresión lenticular para intentar algo que nadie había hecho (al menos que yo sepa) para mostrar en un mismo documento impreso el antes y el después de un mismo lugar. Para ello era necesario de nuevo contar con un fotógrafo que fuese capaz de localizar el lugar exacto en el que las viejas fotografías fueron tomadas y, por si eso fuera poco, lograr los mismos encuadres, enfoques, angulares y ópticas de modo que el efecto lenticular mostrase al espectador el antes y el después con la mayor fidelidad posible. Creedme que lograr eso, con algunas de las fotografías con más de 150 años de antigüedad obtenidas con cámaras y aparejos fotográficos muy diferentes de los hoy utilizados, era un reto verdaderamente complicado. Evidentemente, a estas alturas, ya sabéis a quién encomendé esta labor.
David Blázquez y yo acordamos qué 24 lugares y perspectivas de Toledo eran las elegidas para deleitar a los mecenas que se decidiesen por obtener esta recompensa y, la verdad, es que el resultado es absolutamente espectacular, mejor incluso que el que imaginé. David hizo un trabajo titánico para cuadrar las 24 comparativas y la impresión lenticular logró algo casi mágico, una verdadera máquina del tiempo toledana, como se aprecia en este ejemplo:


No contento con ello, David indagó hasta dar con la herramienta informática que permite visualizar estas comparativas en la pantalla del ordenador, pudiendo incluso hacer zoom solidariamente en ambas partes, la antigua y la moderna, de modo que se amplía la misma parte de la perspectiva en el ayer y en el hoy. Y logró una maravilla tal, que hoy os la traigo en esta entrada especial en el que el protagonista es él y su enorme trabajo. Os dejo con el enlace a la sección que ha creado en su web para poder ver en vuestras pantallas las 24 comparativas que los mecenas del libro tienen en formato impreso lenticular (aprovecho para comentaros que David tiene disponible una muy reducida cantidad de estas postales que fueron imprimidas en la misma serie). ¡Gracias por todo David, es un placer trabajar a vuestro lado!
PINCHAD AQUÍ: COMPARATIVAS DEL AYER Y EL HOY DE TOLEDO EN LA WEB DE DAVID BLÁZQUEZ

viernes, 29 de diciembre de 2017

El extraño caso de la casa del anticuario Justo García Callejo

En anteriores entradas del blog ya intenté mostrar de la manera más clara posible con fotografías el grado de destrucción que sufrió en 1936 todo el entorno del Alcázar como consecuencia de los intensos bombardeos y voladuras con minas subterráneas que se sucedieron durante el asedio al baularte en los primeros meses de la Guerra Civil.
En concreto, quedó tremendamente desfigurado el trazado urbano de buena parte del antiguo Arrabal de los Francos, barrio fundado tras la reconquista de Toledo en 1085 por los francos (es decir, miembros del pueblo germánico que se estableció en tierras hoy situadas en Francia, Alemania, Bélgica y Holanda) que acompañaron y ayudaron al rey Alfonso VI, y que se establecieron en este barrio cercano al Alcázar para estar cerca del poder real. Podría decirse que el centro de este barrio era la Iglesia de la Magdalena, advocación claramente ligada a este pueblo, y más concretamente a su rama merovingia.
Cerca de esta Iglesia se situaban las calles Horno de los Bizcochos, Horno de la Magdalena y el callejón del Vino de Esquivias, nombres -no me lo negaréis- todos ellos de lo más curioso.
Calles del entorno del Alcázar (antiguo Arrabal de los Francos) en el plano de Reinoso de 1882
El espacio que distaba entre las casas más cercanas de la esquina de la cuesta del Alcázar con la propia fortaleza era muy inferior al actual, como puede comprobarse en esta fotografía:
Vista aérea del Alcázar en 1922 por Luis Ramón Marín
Vista aérea del Alcázar en 1922 por Luis Ramón Marín (detalle)

Aquí se ve esa zona en una foto hecha desde la fachada sur del propio Alcázar en 1920:
Vista del Arrabal de los Francos desde el Alcázar en 1920. Centro de estudios de C-LM.

Como decía antes, la guerra acabó con la inmensa mayoría de estas casas y propició una reordenación urbana posterior en la que se ensanchó mucho el tramo final de la Cuesta del Alcázar, acabando para siempre con la trama medieval de las casas y calles de la zona:
Alcázar destruido en 1936. Vista aérea de la zona con los cráteres de las minas y las casas destruidas.
Entorno del Alcázar hacia 1954 (foto aérea). Detalle de la imagen de la colección de Luis Alba.


Hubo sin embargo una casa que, en medio de un mar de destrucción, resistió en pie de manera casi milagrosa. Me refiero a la casa del anticuario Justo García Callejo.
Casa del Anticuario Justo García Callejo. Foto de Otto Wunderlich en 1944. Fototeca del IPCE.

Gracias a las investigaciones de Rafael del Cerro, sabemos que D. Justo García Callejo había nacido en 1875, y que tras la guerra civil, este notable anticuario la rehabilitó. Era famoso su patio repleto de piezas de cerámica, piedras, tallas o maderas, que en más de una ocasión visitaban personajes conocidos como por ejemplo la esposa de Franco, Carmen Polo, gran aficionada a adquirir valiosas piezas en anticuarios de toda España. Otras personalidades entraban en la casa en el transcurso de las visitas oficiales que se hacían a las ruinas del Alcázar.
Vista de la Catedral desde el Alcázar hacia 1950. Se ve la casa del anticuario Justo García Callejo. Fotografía de E. Boudot-Lamotte.

El patio estaba lleno de macetas con plantas y flores entre las piezas que vendía, y contaba con una galería en la planta superior. La entrada al patio es la que se observa en esta imagen detrás del vendedor de cerámica. La puerta de la izquierda, más pequeña, era la entrada a la parte de la casa donde el anticuario vivía:
Tipo toledano: vendedor de cerámica en burro ante la casa del anticuario Justo García Callejo en la C/ Horno de los Bizcochos a mediados del siglo XX.

Esta es otra imagen de la casa:
Casa del Anticuario Justo García Callejo. Libro de Víctor Crastre. Foto de Robert Julia

Sin embargo, en un extraño e inexplicable giro de la historia, esta casa que parecía que había superado el trance más difícil de su vida como fue la guerra civil, vio como la piqueta acababa con ella en la década de 1960 en el proceso de edificación que se sucedió en esta zona (se construyeron los edificios de los sindicatos y también el Hotel Alfonso VI, además de otras viviendas).

En la actualidad, si no estoy equivocado, en el lugar en el que se levantaba la casa del anticuario Justo García Callejo se encuentra el edificio del Hotel Toledo Imperial:


Esta es una curiosa imagen de la zona, en pleno proceso de reconstrucción del torreón suroeste del Alcázar hacia 1960, tomada donde hoy se levanta el hotel Alfonso VI:
Reconstrucción del Alcázar © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura Album4-1768

Actualización (2 de febrero de 2018): Añado las notas interesantísimas que me pasa Rafael del Cerro y que complementan excepcionalmente la entrada:

"Veo muy esclarecedor comparando el plano de Reinoso con la foto anterior a 1936 para ver el cambio de las antiguas calles de esta zona.
Verás que te señalo el tejado de la Editorial Católica donde se imprimió mucho tiempo El Castellano, hasta 1936. El acceso era por la C/ Juan Labrador. Aquí estuvieron los talleres de Editorial Católica Toledana hasta su cierre.
La comisión que se creó desde el Ayuntamiento, en el verano de 1936, para salvar el patrimonio artístico, en una breve alusión de los trabajos realizados, se menciona que por la tarde del 15 de septiembre acudieron a un parapeto cercano al Alcázar a retirar algunas piezas de valor. Se referían a la vivienda del anticuario Justo García Callejo que falleció en 1957.
La plaza de Capuchinos (cuya disposición original aparece en el plano de Reinoso de 1882) se modificaría por los efectos de la guerra, vividos en del verano de 1936.
En ese momento se perdió el primer tramo del callejón de Vino de Esquivias, que unía el final de la cuesta del Alcázar con la calle Horno de los Bizcochos. Este tramo pasaría por delante de la actual fachada del Hotel Alfonso VI.
El segundo y estrecho tramo de dicho callejón (que nunca tuvo salida) se fundiría desde 1936 con los solares de ambas aceras cuyas casas habían sido destruidas por los efectos de la aviación y la artillería. A finales de los años 60, cuando comenzó a reconstruirse su entorno, el referido tramo final del antiguo callejón de Vino de Esquivias renació en la trama urbana, aunque cerrado al tránsito público. Desde entonces es un punto muy fotografiado por la vista que ofrece de la torre de la Catedral."

Entorno del Alcázar antes de 1936, sobre una foto de Luis Ramón MArín. Explicación de Rafael del Cerro
Entorno del Alcázar después de 1936, hacia 1950. Explicación de Rafael del Cerro.

Espero que os haya gustado esta curiosa y extraña historia de una casa que pudo pasar a la posteridad como la única superviviente de toda una manzana, pero que terminó sus días cuando todo parecía más fácil para ella.
Aprovecho para desearos a todos un 2018 lleno de alegrías e ilusiones.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Toledo fotografiado por Louis Léon Masson a mediados del siglo XIX

Louis Léon Masson fue un fotógrafo francés nacido en Tours en 1825 y afincado en Sevilla, cuyos años de actividad más intensa fueron los comprendidos entre 1854 y 1872, por lo que es considerado uno de los pioneros de la fotografía en España. Louis Léon Masson fue el primer fotógrafo en retratar personas fallecidas en Sevilla por encargo de sus familiares. Tomó algunas de las primeras fotos conocidas de corridas de toros y regentó en la capital hispalense dos estudios, primero en la calle de las Escobas y posteriormente en la calle Sierpes.
Libro de Louis Léon Masson dedicado
Tomó algunas de las series más antiguas que se conocen de fotografías estereoscópicas de distintas ciudades españolas como Málaga, Granada, Córdoba, Toledo y, evidentemente, Sevilla. También fotografió Gibraltar. Su esposa Lorenza Simonin fue su mejor compañera profesional, hasta el punto de que tras su muerte en 1874 fue ella la que siguió regentando el negocio sevillano. Solía trabajar con negativos de papel usando la técnica del colodión húmedo, positivando las imágenes en papel a la sal y a la albúmina. En Toledo tomó varias decenas de excelentes fotografías en 1857 y, especialmente, en el año 1858. Sus fotografías toledanas, actualmente identificadas en un número de 28, se conservan en instituciones como la Biblioteca Nacional de España, la Biblioteca Nacional de Francia, la Real Academia de la Historia o el Fondo Fotográfico de la Universidad de Navarra, así como en colecciones particulares, entre las que destaca la colección de Juan Antonio Fernández Rivero y Teresa García Ballesteros, quienes acaban de publicar una excelente monografía sobre este autor que recomiendo comprar a todos los amantes de la fotografía.
Hoy vamos a disfrutar prácticamente la totalidad de las fotografías toledanas de Masson, de incalculable valor por su antigüedad, pues hay que recordar que estamos ante uno de los primeros fotógrafos en retratar la ciudad. La mayoría fueron tomadas en el año 1858 y algunas en 1857.
Comenzaremos por ver esta maravillosa vista de la ciudad desde el cerro del Castillo de San Servando conservada en la Biblioteca Nacional de Francia:
Puente de Alcántara, Artificio de Juanelo y Alcázar hacia 1858. Fotografía de Louis Léon Masson © Bibliothèque Nationale de France

En aquel entonces estaban aún en pie los restos del Artificio de Juanelo, pues faltaban aún diez años para su voladura con dinamita acaecida en 1868. Masson tomó tal vez la foto más original de todas las que se conservan del artificio, obtenida desde una perspectiva muy extraña (es una imagen estereoscópica de la que pongo solo una de las dos mitades), conservada en la Real Academia de la Historia en Madrid:
Artificio de Juanelo y Castillo de San Servando. Fotografía de Louis Léon Masson en 1857 © Real Academia de la Historia

Esta es una vista frontal del Artificio de Juanelo:
Artificio de Juanelo y Alcázar. Fotografía de Louis Léon Masson en 1857 © Real Academia de la Historia

Es sencillamente espectacular esta vista que Masson obtuvo del Baño de la Cava y el río Tajo:
Baño de la Cava hacia 1857. Fotografía de Louis Léon Masson

La Puerta del Sol durante su restauración hacia 1865 lucía así de bella fotografiada por el francés:
Puerta del Sol hacia 1858 por Louis Léon Masson © AKG Images signatura alb2340394

Antes de esas obras de restauración, Masson ya había fotografiado ese mismo monumento:
Puerta del Sol en 1858 por Louis Léon Masson, Biblioteca Nacional

La plaza del Ayuntamiento tenía un curiosísimo aspecto de devastación con motivo de unas obras de remodelación en 1858, con farolas tumbadas en el suelo y escombros en el pavimento:
Catedral y Plaza del Ayuntamiento en 1858 por Louis Léon Masson

Es probable que esta toma sea posterior a la anterior, una vez finalizadas las obras:
Toledo fotografiado por Louis Léon Masson © Colección Fernández Rivero

Masson retrató un primer plano de la cúpula de la Capilla Mozárabe de la Catedral:
Catedral vista por Louis Léon Masson hacia 1858

Aquí aparece el Claustro de la Catedral (erróneamente identificado como un convento cordobés):
Claustro de la catedral de Toledo en 1858 por Louis Léon Masson

Él fue probablemente el primero en fotografiar el precioso patio del Convento de San Pedro Mártir:
Patio de San Pedro Mártir hacia 1860 por Louis Léon Masson.  Museo del Prado

Del mismo modo, fue tal vez el primero en fotografiar el interior de la Sinagoga de Santa María la Blanca:
Sinagoga de Santa María la Blanca hacia 1858. Fotografía estereoscópica de Luis León Masson

Obtuvo varias imágenes del Monasterio de San Juan de los Reyes:
Claustro de San Juan de los Reyes hacia 1858. Fotografía de Louis Léon Masson © Bibliothèque Nationale de France
Toledo fotografiado por Louis Léon Masson. Colección Fernández Rivero
Toledo fotografiado por Louis Léon Masson. Colección Fernández Rivero
San Juan de los Reyes en Toledo fotografiado por Louis Léon Masson. Colección Fernández Rivero

Aquí aparece el Puente de Alcántara en 1858, vislumbrándose al fondo a la izquierda la desaparecida Puerta de San Ildefonso:
Puente de Alcántara hacia 1858 por Louis Léon Masson, Biblioteca Nacional

Esta es la vista inversa a la anterior, con el Castillo de San Servando al fondo:
Puente de Alcántara y Castillo de San Servando en 1858 fotografiado por Louis Léon Masson, Biblioteca Nacional

Aquí vemos el Hospital de Santa Cruz:
Hospital de Santa Cruz en Toledo fotografiado por Louis Léon Masson. Colección Fernández Rivero

El Patio del Alcázar, por entonces un edificio ruinoso, forma parte también de la serie de imágenes de Masson:
Alcázar de Toledo hacia 1858. Fotografía de Louis Léon Masson © Bibliothèque Nationale de France
Toledo fotografiado por Louis Léon Masson. Colección Fernández Rivero

Pero sin duda, la joya de la corona de las fotos de Masson tomadas en Toledo es la gran panorámica de 1858, considerada hasta la fecha la fotografía completa de la ciudad más antigua que se conoce. Aquí os la ofrezco en su totalidad:
Panorámica completa de Toledo en 1858 por Louis Léon Masson. Cortesía de Carlos Sánchez

Se compone de la unión de al menos tres imágenes, que vistas una a una resultan no menos interesantes:
Vista de Toledo hacia 1858. Fotografía de Louis Léon Masson © Bibliothèque Nationale de France
Vista general de Toledo en 1858 por Louis Léon Masson, Biblioteca Nacional
Vista de Toledo en 1858 por Louis Léon Masson (c) AKG signatura alb2269829
Torre de Alfarach vista en 1858 por Louis Léon Masson

Como habéis podido comprobar, se trata de verdaderos tesoros por su calidad y antigüedad: retratos del Toledo de mediados del siglo XIX que suponen un verdadero viaje en la máquina del tiempo. Espero que os hayan gustado.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Cuando el mítico Marcial Lalanda trabajó de albañil en la estación de tren de Toledo

Nunca dejaré de sorprenderme por la capacidad que tienen las fotografías antiguas de unir a personas del presente y del pasado a partir de un recuerdo.
Hace unos años, cuando publiqué la entrada dedicada a la construcción de la Estación de Ferrocarril de Toledo, incluí una fotografía en la que aparecía el arquitecto que dirigió las obras. No me refiero a Narciso Clavería, que fue el que diseñó el edificio, sino al arquitecto que dirigió los trabajos en el día a día, algo así como el aparejador (hoy arquitecto técnico). Ese personaje no era otro que el francés Edouard Hourdillé, quien aparecía luciendo un poblado bigote en una de esas imágenes tomadas por el fotógrafo F. Salgado (es el segundo por la derecha):
El arquitecto E. Hourdille en las obras de la estación de Toledo © Archivo Histórico Ferroviario del Museo del Ferrocarril de Madrid. Fotografía de F. Salgado. Signatura 0432-IF MZA 0-5

Pues bien, hace unos meses recibí uno de esos mensajes por el messenger de Facebook que te alegran el día...y el mes. Nada más y nada menos que el bisnieto de Edouard Hourdillé contactaba conmigo. David Pinaquy Hourdillé, que así se llama (y a quien nunca agradeceré suficientemente su generosidad), me comentaba que conservaba unas fotografías de 1916 en las que aparecía su bisabuelo Edouard durante la construcción de nuestra preciosa Estación de Ferrocarril. Intercambiamos nuestros correos y quedó en enviarme el material. Así hizo.
Cuando abrí dicho correo y descargué los datos adjuntos, no imaginaba que una sorpresa aún mayor me estaba esperando. En una de las fotografías, en las que aparecía un nutrido grupo de trabajadores de la obra de la estación, estaba hecha una anotación por parte del propio Hourdillé: "Marcial Lalanda, matador célébre 1920-1930":
Marcial Lalanda y otros obreros posan con Edouard Hourdillé en 1916 durante la construcción de la Estación de Ferrocarril de Toledo.  Donación de David Pinaquy Hourdillé.
Marcial Lalanda en 1916 durante la construcción de la Estación de Ferrocarril de Toledo.  Donación de David Pinaquy Hourdillé.

De la manera más inesperada, había llegado a mis manos la noticia de que uno de los toreros más famosos de la historia había sido albañil, con tan solo 13 años, en la estación ferroviaria toledana.
Y todo encajaba: la fotografía deja claro su parecido con el personaje que se hizo célebre y además sabemos que Lalanda había estado en Toledo como una de las primeras ciudades donde hizo sus "pinitos" como novillero. Así, he podido comprobar que Marcial Lalanda, en la temprana fecha del 14 agosto de 1914, con solo 11 años, mata por primera vez y en público un becerro en Alameda de la Sagra, cobrando por ello 35 pesetas con cuarenta céntimos. En la plaza de Toledo capital se presentó el 8 de noviembre del mismo año 1914. En los años 1915 y 1916, fecha en la que fue tomada la foto, Lalanda no puede torear en público por una Disposición Ministerial que prohibía torear a los menores de dieciséis años.
Marcial_Lalanda

En los años 20 y 30 Lalanda se convirtió en un verdadero mito, la estrella indiscutible del escalafón taurino, dando lugar al conocido pasodoble "Marcial eres el más grande" en 1932.
Cuando estalló la Guerra Civil entró en Francia con el pretexto de participar en algunas corridas, pero pronto volvió a España, a la zona franquista, y se alistó en las milicias falangistas. Al parecer, el destino volvió a unirle con Toledo, entrando con las tropas sublevadas en la ciudad a finales de septiembre de 1936 para acabar con el asedio del Alcázar. De hecho, se conserva una fotografía de las tropas nacionales recién tomado el Alcázar en el que aparece un hombre con un parecido asombroso a Lalanda. Juzgad vosotros mismos:
Tropas nacionales tras tomar el Alcázar a finales de septiembre de 1936
Parecido entre Marcial Lalanda y un soldado franquista que formaba parte del grupo que tomó el Alcázar

Lalanda había sufrido heridas en una pierna en el frente a su paso por Talavera, y la guerra marcó mucho a su familia, con hasta doce muertos: su primo Pablo, antiguo matador, junto a sus hermanos Martín, Marcial, Salvador y los hijos de este, fueron ejecutados en su propia finca, cerca de Toledo, por las milicias republicanas.
Retirado en 1943, se dedicó a la ganadería de reses bravas, falleciendo en octubre de 1990 con 87 años.

Volviendo al origen de la fotografía, el arquitecto Edouard Hourdillé guardó también otros recuerdos de su paso por Toledo, como por ejemplo un reconocimiento del ayuntamiento por su buen trabajo durante las obras:
Diploma del Ayuntamiento de Toledo a Edouard Hourdillé en 1920.  Donación de David Pinaquy Hourdillé.

También conserva la misma foto de F. Salgado que en su día publiqué, con el dato añadido de saber que el niño era su hijo, el abuelo de David:
Edouard Hourdillé y su hijo con miembros de la obra de la estación de ferrocarril de Toledo en 1916. Foto de F. Salgado.  Donación de David Pinaquy Hourdillé.

Esperando que esta increíble historia que une a dos personajes que, en principio, nada tenían que ver os haya gustado, me despido con una foto de Hourdillé en 1908 y con la letra del famoso pasodoble, que puede que a partir de ahora os venga a la cabeza cada vez que cojáis el tren en Toledo:
Retrato de Edouard Hourdillé. Donación de David Pinaquy Hourdillé.

MARCIAL, ERES EL MÁS GRANDE
Martín Domingo - Josefina Porras

Voy a los toros
porque esta tarde Marcial torea,
que es el mas grande,
y sus faenas, derroche de emoción,
son todo arte, valor y corazón.

Con el capote no tiene rival,
en banderillas es algo genial
y con la espada fue su profesor
otro de Madrid, Vicente Pastor.

ESTRIBILLO:
Marcial, eres el mas grande,
se ve que eres madrileño,
rival de Belmonte, José,
Machaquito, Pastor y El Algabeño.

Por ti vamos a los toros,
por ti solo hay afición.
Marcial, si te retiras,
perderá la Fiesta toda su emoción.

Sale el toro,
Marcial lo citas
y da seis lances
que maravillan
y de remate nos da su creación,
la mariposa, con limpia ejecución.
La plaza entera grita loca olé,
al sucesor del divino José.
Eso es honrar la Fiesta Nacional.
¡Qué viva Madrid!
¡Qué viva Marcial!

ESTRIBILLO
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall